Con Sondre Lerche tuve mi primer momento. No tan tan así, yo feliz, pero no. Fue cuando bajé su discografía, la verdad es que no recuerdo puntualmente cuando, pero sé que fue el año pasado. Lo escuché bastante, me gustó, pero no pasó mucho tiempo y ya me había saturado, me empezó a parecer plano.
Me dijeron hace poco que él había hecho la banda sonora de “Dan in real life” una película protagonizada por Steve Carell y Juliette Binoche. Me demoré en verla y me parecía nada más extraña esa combinación de actores. La vi. La escuché. Ambas cosas me gustaron y volví a creer en Lerche, volví a escucharlo una y otra vez. Pienso que tal vez necesitaba ese tiempo de descanzo, de procesarlo, de escucharlo en un mejor momento. Pasa.
Sondre Lerche, cantante, compositor y guitarrista noruego. De su primer disco Faces Down (2001), este tema, Modern nature.
en Primer lugar -sí, con mayúscula- hoy me siento como si caminara por la playa en un día semi nublado y viera como los pájaros marinos arrancan de las olas mientras picotean la arena buscando pulgas de mar. Oh no, ajá, Andrew Bird, sin decir nada más, genial él, nada más.
en Segundo lugar -sí, también con mayúscula- ¿por qué dos videos de la misma canción?, simple, con el primero destaco que Don Genio interprete solo el tema, ayudado con esas maravillas-con-pedales-que-graban-sonidos, de las que no recuerdo el nombre, y el segundo video es para que se escuche mejor el tema, ya que el otro video está grabado de forma casera y el audio no le hace justicia.
Del estadounidense Andrew Bird y de su noveno y último disco “Noble Beast” este tema. Oh no.
Muchas veces he sentido tristeza más rabia, o mezclado con frustración, impotencia, miedo, pena, en fin. Generalmente cuesta identificar que es lo puntual que nos pasa, nos cabeceamos, lloramos y pataleamos hasta por lo menos saber qué sentimos. Esta vez pensé que estaba decepcionada, que sentía frustración y rabia, pero al decantar todo sólo me queda estar triste. Puramente triste. No es malo, de hecho me siento tranquila por tenerlo claro. Sé que se va a pasar, si no tuviera momentos tristes me costaría más identificar los realmente buenos.
Suede para muchos buenos momentos. Pero Brett Anderson le puso el sonido perfecto a mi cara neutral.
El título tal vez demasiado dramático, pero en este minuto es la canción perfecta.
Esa tocata fue un conjunto de cosas, Chinoy me hizo sentir bien. Disfrutaba compartirlo con mis hermanas. Disfrutaba vengarme por hacer escuchar a la Betty algo que no había elegido, después de llevarme tiempo atrás a escuchar a la Sinfónica interpretando a compositores que no eran de mi gusto. Esa vez dormí. Escuchando a Chinoy no paraba de disfrutar. Después, Diego Peralta que algo había escuchado de su música, me dió la lata, lo siento, pero así fue. El remate de Javier Barría fue… ¡Me faltó el remate de Javier Barría! y lo lamenté, nos tuvimos que ir antes de que terminara de tocar, lo bueno fue que al salir de la SCD ahí estaba. Sentado en la maleta de su guitarra, con sus zapatillas de lona blanca y con un cigarro a medio fumar estaba Chinoy. En el escenario me hizo sentir con suerte al concederme dos temas que le pedí casi a gritos y ahora lo estaba saludando. ¿Qué mejor? Lo siento Javier, pero en ese minuto no lamenté haberme ido, ya nos veremos en otro momento y concluiremos la reunión.
Estos dos temas para el día antes de cumplir años. Los precisos.
Desde la semana pasada descubrí la serie Lie to me, que entre paréntesis es muy buena,el punto es que al terminar de ver el capítulo seis escuché de fondo una versión del clásico tema de Oasis, Wonderwall. Creo que es uno del par de temas que me gusta de la banda, a pesar de cuánto me gusta el brit pop Oasis núnca me llegó. La versión que escuché es de Ryan Adams, un cantautor estadounidense que navega entre el folk, el rock y versiones alternativas del country. Me tenté y descargué dos de sus discos, Demolition y Love is hell (al que pertenece el cover), lo recomiendo si tienen entre su colección de música a Iron and Wine, Sondre Lerche, Brendan Benson o Sean Lennon, y quieren probar otro estilo más de cantautor.
Cruzaba el puente El Olivar de vuelta, la brisa y las sombras de los árboles resultaban más heladas. Atrás quedaban los instrumentos a medio guardar, los últimos flashes de las cámaras compactas, las hojas caídas en el momento preciso. Los fanáticos de siempre, “la foto no salió bien pero la puedes tomar de nuevo. Si quieres prueba de nuevo”, les decía amable Gepe a unas chiquillas que después de tomarse fotos con él se lamentaban por no salir bien. Hungría fue autografiada. La niña ya apagó la cámara en la que Gepe grabó el video para el amigo en el extranjero pidiéndole que vuelva, porque la señorita así se lo pedía. La tocata había terminado y detrás del escenario se le acercan alrededor de veinte jóvenes queriendo saludar y fotografiarse con Gepe, el último tiempo su público dejó de ser de jóvenes de 25 años en adelante, ahora cada vez ve más adolescentes en sus tocatas y lo encuentra genial, cuando él tenía esa edad era fanático de todo lo que le gustara, entonces aprecia y le alaga lo que demuestran los más chicos al crear grupos en Facebook o comentarle en fotos por detalles como si es que le queda bien la ropa que usa en determinada foto.
Siempre he pensado en mi vida como el primer capítulo de un libro, pero con banda sonora… De seguro Iron & Wine estaría en ella y tal vez este sería un buen tema para el final del capítulo, me deja la idea de que el segundo episodio va a empezar bien.
Creo que se hace más fome cuando cuento mis historias, pero acabo de caer en cuenta de que si no escribo esto ahora puedo morir antes de contarlo.
He estado cerca de la muerte en más oportunidades que James Bond.
No, mentira. Perosivariasveces a lo largo de mi escueta vida. Tal vez hasta acá sigue siendo fome, pero desde que formaba parte importante del sector abdominal de mi mamá en el verano del ’87 pude haber muerto. Esa vez mi viejo conducía la combi volkswagen y choca a una camioneta que salía de la nada, mi vieja iba de copiloto y el choque fue cuático, ella se vino a Santiago de vuelta porque se le movió mucho la panza y la guagua que estaba dentro, mientras mi papá y mis hermanos siguieron en Papudo. Ese fue el casi muero número uno. Ahora el número dos fue como al año. Estaba en el patio de mi casa jugando con una pelota inflable, se suponía que mi mamá me estaba cuidando, se suponía. la pelota se cayó a la piscina y por seguirla y en un acto heroico fui a su rescate, el problema es que la pelota se quedó en la superficie pero yo me fui al fondo, suerte fue que mi hermana estaba bañándose y me sacó de las mechas.
No había pasado ni un año cuando comiendo manzana con dos de mis hermanos, “cual blanca nieves por el bosque” (frase de mi hermana, la encontré notable y plagiable), me empecé a dormir en la mesa, mi hermana trató de despertarme, pero se me iba la onda, hasta que mi hermano me tomó de los tobillos y me sacudió boca abajo como si yo fuera una bolsa de té en una taza imaginaria. Hasta que salió el pedazo de manzana que se había atorado en mi garganta. Vamos por la cuarta, debo haber tenido 4 años y acá hago uso de mis recuerdos. Iba en una micro de esas que ni siquiera eran amarillas, íbamos a la casa de mi abuelita, porque de blanca nieves me paso a caperucita roja. Me sentí mal, durante los minutos que vinieron vi frente a mi cara el polerón rayado de mi hermano y todo lo que podía botar por mi boca, no sé cómo no dejé hasta las tripas en ese polerón. Me llevaron a la posta y cuando me trataron se acostar en una camilla sé que corrí, para mí fue maratónico, pero lo más probable es que haya equivalido a cuatro zancadas de mi hermano, con suerte. Al final, después de dos intentos fallidos de huir, me metieron mangueras por la nariz y le lavaron el estómago. Me dijeron que salía pura espuma, así que no sé que más querían lavar, si con el champú que me había tomado esa mañana ya estaba todo limpio.
El quinto fue un accidente ferroviario. Estaba en tercero o cuarto básico y con todo el curso jugábamos al trencito loco, cómo era lógico, me tocó ser la última en la larga fila, el caso es que al primer tirón salí volando, me hice mierda la cara. Al año siguiente en una mala caída me corté la oreja, con unos puntos volvió a su lugar pero nunca volví a superar los decibeles de mis gritos. Esa vez sí que me hice escuchar.
De ahí siguen un sin fin de accidentes en patines o jugando básquetbol o hándbol que terminaron en un gran conteo de yesos en mis manos y dedos.
Después vino una depresión de esas deprimentes… no por tanto accidente sino por ser adolescente, estar en el lugar equivocado y en el momento equivocado (tengo que mencionar que iba a un colegio de monjas, eso ya era suficiente motivo), en esos ires y venires de dopajes excesivos y diagnósticos dramáticos, esos de los cebollones mexicanos, traté de descansar, quise dormirme definitivamente, pensar que casi me mato sin querer morirme. Es que no entendían mi alma espontánea de prueba y error. Broma. La cagué, pero ya pegué las culpas… seguía en el colegio de monjas.
Pasó bastante tiempo antes de volver a visitar la entrada de urgencias de un hospital hasta que el año pasado me senté en una silla rota de la que lógicamente me caí… esguince cervical y lesiones dorsales. No me podía mover del suelo del dolor. Lo mejor de eso fue la sacada de la camioneta de mi hermano, casi un 911, en la entrada de urgencia los paramédicos entraron a la camioneta con una tabla con velcros y un gran cuello ortopédico para inmovilizarme por completo. Puro show, eso sí, disfruté el relajante muscular a la vena. Me veía miserable pero sin dolor.
En fin, esa es la historia, tal vez mañana cuando cruce la calle me atropellen, es mejor hablar, a nadie le sirve esto, no es como los libros de autoayuda que a-nadie-ayudan. Porque no hay intención de hacerlo. Mi pega es escribir de lo que se me frunce y esto realmente me preocupó. Es para morirse de angustia.