No me muero tanto

10 12 2008

Creo que se hace más fome cuando cuento mis historias, pero acabo de caer en cuenta de que si no escribo esto ahora puedo morir antes de contarlo.

He estado cerca de la muerte en más oportunidades que James Bond.

No, mentira. Pero si varias veces a lo largo de mi escueta vida. Tal vez hasta acá sigue siendo fome, pero desde que formaba parte importante del sector abdominal de mi mamá en el verano del ’87 pude haber muerto. Esa vez mi viejo conducía la combi volkswagen y choca a una camioneta que salía de la nada, mi vieja iba de copiloto y el choque fue cuático, ella se vino a Santiago de vuelta porque se le movió mucho la panza y la guagua que estaba dentro, mientras mi papá y mis hermanos siguieron en Papudo. Ese fue el casi muero número uno. Ahora el número dos fue como al año. Estaba en el patio de mi casa jugando con una pelota inflable, se suponía que mi mamá me estaba cuidando, se suponía. la pelota se cayó a la piscina y por seguirla y en un acto heroico fui a su rescate, el problema es que la pelota se quedó en la superficie pero yo me fui al fondo, suerte fue que mi hermana estaba bañándose y me sacó de las mechas.

No había pasado ni un año cuando comiendo manzana con dos de mis hermanos, “cual blanca nieves por el bosque” (frase de mi hermana, la encontré notable y plagiable), me empecé a dormir en la mesa, mi hermana trató de despertarme, pero se me iba la onda, hasta que mi hermano me tomó de los tobillos y me sacudió boca abajo como si yo fuera una bolsa de té en una taza imaginaria. Hasta que salió el pedazo de manzana que se  había atorado en mi garganta. Vamos por la cuarta, debo haber tenido 4 años y acá hago uso de mis recuerdos. Iba en una micro de esas que ni siquiera eran amarillas, íbamos a la casa de mi abuelita, porque de blanca nieves me paso a caperucita roja. Me sentí mal, durante los minutos que vinieron vi frente a mi cara el polerón rayado de mi hermano y todo lo que podía botar por mi boca, no sé cómo no dejé hasta las tripas en ese polerón. Me llevaron a la posta y cuando me trataron se acostar en una camilla sé que corrí, para mí fue maratónico, pero lo más probable es que haya equivalido a cuatro zancadas de mi hermano, con suerte. Al final, después de dos intentos fallidos de huir, me metieron mangueras por la nariz y le lavaron el estómago. Me dijeron que salía pura espuma, así que no sé que más querían lavar, si con el champú que me había tomado esa mañana ya estaba todo limpio.

El quinto fue un accidente ferroviario. Estaba en tercero o cuarto básico y con todo el curso jugábamos al trencito loco, cómo era lógico, me tocó ser la última en la larga fila, el caso es que al primer tirón salí volando, me hice mierda la cara. Al año siguiente en una mala caída me corté la oreja, con unos puntos volvió a su lugar pero nunca volví a superar los decibeles de mis gritos. Esa vez sí que me hice escuchar.

De ahí siguen un sin fin de accidentes en patines o jugando básquetbol o hándbol que terminaron en un gran conteo de yesos en mis manos y dedos.

Después vino una depresión de esas deprimentes… no por tanto accidente sino por ser adolescente, estar en el lugar equivocado y en el momento equivocado (tengo que mencionar que iba a un colegio de monjas, eso ya era suficiente motivo), en esos ires y venires de dopajes excesivos y diagnósticos dramáticos, esos de los cebollones mexicanos, traté de descansar, quise dormirme definitivamente, pensar que casi me mato sin querer morirme. Es que no entendían mi alma espontánea de prueba y error. Broma. La cagué, pero ya pegué las culpas… seguía en el colegio de monjas.

Pasó bastante tiempo antes de volver a visitar la entrada de urgencias de un hospital hasta que el año pasado me senté en una silla rota de la que lógicamente me caí… esguince cervical y lesiones dorsales. No me podía mover del suelo del dolor. Lo mejor de eso fue la sacada de la camioneta de mi hermano, casi un 911, en la entrada de urgencia los paramédicos entraron a la camioneta con una tabla con velcros y un gran cuello ortopédico para inmovilizarme por completo. Puro show, eso sí, disfruté el relajante muscular a la vena. Me veía miserable pero sin dolor.

En fin, esa es la historia, tal vez mañana cuando cruce la calle me atropellen, es mejor hablar, a nadie le sirve esto, no es como los libros de autoayuda que a-nadie-ayudan. Porque no hay intención de hacerlo. Mi pega es escribir de lo que se me frunce y esto realmente me preocupó. Es para morirse de angustia.



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4 respuestas

11 12 2008
seba fredes

Lo leí y me dieron hasta ganas de crear un blog. “Cosas que quiero contar si es que muero mañana”, o algo así podría llamarse.

Jevi todo.

Nos vemos ja. Qué agradable haberlo escuchado con una chela en un bar universitario antes de leerlo.

Chao.

12 12 2008
carmen paz

paso de pura copuchenta que soy.
es que me acordé de la básica, de esa vez que te fracturaste el cuello en educación física con una profe que usaba tacos y que me caía como el oyo.
cuidate javi, porvaforrr =)
eso nomas quería decir.

31 12 2008
Chica de Uptown

Ja la verdad fuerte lo que cuentas, pero a la vez me suena tragicómico como lo cuentas. La verdad es que uno debe escribir todas las cosas que se le ocurran. Como sabes en una de esas a alguien le sirve.
Y lo cierto es que para eso estamos, para eucribirle al mundo.
Saludos Jajosa…
Bye

PD: está escrito así intencionalmente…

5 01 2009
sebafredes

ahora yo me cambio.

http://velvet2.wordpress.com/

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